Blog - Nunca estamos solas

ZAMBULLIDA EN LA REALIDAD DE LO IRREAL

A partir de ese momento, comencé a ir una vez por semana durante un tiempo.
Cada vez era el mismo ritual… Carlos se sacaba el reloj y comenzaban sus enseñanzas.

«Podemos sentir lo que siente otra persona, y podemos ayudar. Algunas veces somos la forma que tiene la Luz para intervenir en algunas situaciones».

«Tenés que seguir tu intuición, mantener un criterio propio. No te unas a grupos (tal como decía mi abuelo). Desde el momento que pertenecés a un grupo, dejás tu ética y tu responsabilidad en manos de otros. Hacé lo que sientas que es lo correcto y sé fiel a ti misma», me decía.

En una de las reuniones, me enseñó a elevar el alma de Meche. Y fue una de las despedidas más duras y de los actos más difíciles de realizar.

Lo hice sola, de noche, mientras mi hija dormía y su padre estaba en una reunión.

Y luego ayudé a elevarse al alma de la madrina de una amiga que no dejaba dormir a su padre en el cuarto donde el descansaba en la tarde.

Y despedí a la primera esposa del marido de mi madre que continuaba en la casa y con su energía distorsionaba el lugar.

Aprendí a hacerlo. A no tener miedo. Decidí que no quería seguir por ese camino. Había hecho lo que tenía que hacer en ese sentido. Ya era tiempo de continuar adentrándome en otros conocimientos para poder elegir.

Comencé a ir la Sociedad Teosófica, y a leer a autores como Madame Blavatsky, Annie Bésant. Olcott. El velo comenzó a correrse y yo lo hacía con alegría y absoluta inconsciencia… los grandes misterios se estaban abriendo, los libros indicados continuaban llegando… y paralelamente corría la vida “real”: mi hija, su padre, mi carrera, mis amigos.

Cuando dejé de ver a Carlos, pasaron años hasta que lo volví a encontrar. Y ese día me regaló un cuadro que él había pintado como canalización.

“Elegí el que quieras” -me dijo. Y yo, que ya estaba comenzando a transitar dificultades, elegí el hombre que es salvado por los ángeles.

Porque ya en ese momento, sabía que no estaba sola… sólo que en un punto… me olvidé…

Bendiciones!

Simone Seija Paseyro
Lectora de Registros Akásicos

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