Blog - Nunca estamos solas

Y es que a mí me podían las cabezas…

Y es que a mí me podían las cabezas…así me fue.
Si hago una relación entre los cerebros de los cuales me enamoré y la cuantía del amor recibido, la ecuación me da fatal-
Es que los cerebros no tienen corazón. Lo sabe cualquiera. Salvo quien suscribe, que tardé como no sé cuantas parejas y dos matrimonios en darme cuenta.
Una persona inteligente no necesariamente es amorosa.
Una persona exitosa no siempre es empática.
Un profesional brillante no siempre sabe hablar de sentimientos.
Pues porque hay algo que se llama inteligencia de las emociones que no es tenido en cuenta a la hora de la currícula del amor.
Y vos ves que el tipo te ve llorar y no sabe si salir corriendo, llamar a los bomberos o enchufarte un tranquilizante.
O cuando se genera una situación en que necesitás sentirte respaldada y contenida, y te das cuenta que no sabe lo que es ser respaldo y que sabe ser contenido pero no contener.
Sí. A mi me podían las cabezas. Esos tipos geniales que cuando los escuchás hablar del tema que sea parece que no fueran de este planeta. Y vos te los quedás mirando a dos milímetros de babear.
Hasta que encontré un corazón en el camino que me costó valorar. Porque los hombres con cabeza, son su propio marketing. Se venden como pan caliente. Se ven, se sienten, se saben lo más.
Pero los tipos de corazón grande lo que saben hacer no se ve tanto. Son los que aman, los que están, los que no hieren, los que no ganan premios, porque todavía no dan premios por amar,
Así que aquí bien acomodadita en mis 51, me dije a mí misma que no pienso enamorarme del próximo cerebro que vea pasar. Primero que el mío propio no está para despreciar. Luego, que ya habiendo catado lo que es un hombre con corazón, el cerebro y los logros me quedan pequeños.
Éxito es ir por la vida amando y enseñando a amar. Éxito es encontrar a alguien así y poderlo disfrutar. Éxito es la vida en calma, sin conflictos, sin violencias, sin competitividad.
Cómo me gustan los corazones que laten pensando. Qué poco me van los cerebros que no saben sentir….

Bendiciones infinitas! Nunca estamos solas!

Simone Seija Paseyro
Lectora de Registros Akásicos

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