Blog - Nunca estamos solas

Estábamos en el supermercado…

Estábamos en el supermercado cercano a su casa de la playa. Mientras él se ocupaba de la comida y de pensar el menú, yo divagaba entre las góndolas. Siempre distraída. Como despegada del mundo.

En el momento de ir a pagar, enfilamos hacia una de las cajas que estaba vacía. Lo vi mirar a la cajera. Parar de golpe. Girar hacia otra caja que tenía gente en espera y posicionarse ahí mirando hacia otro lado.

Como tantas otras veces quedé perdida. Y cuando le pregunté el porqué del cambio tan ilógico, me dijo que no empezara a imaginar cosas. Que siempre con historias y complicando todo.

Y si. Es lo que tiene cuando compartes vida con alguien que no termina de cruzar las delgadas líneas rojas pero siempre está en el lugar de la seducción. Es lo que sucede cuando no siempre vas a los lugares donde se hace la compra, y entablan vínculos a tus espaldas y al mismo tiempo… en tu misma cara. Es lo que ocurre cuando ves lo que ves directo a los ojos, y te dicen que no lo estás viendo.

Hay un desgaste del ánimo y de la propia autoestima. Hasta llegas a dudar si no estás quedando loca. Cuando es de manual que quien está en posición de búsqueda y captura constante, lo primero que hace, es desautorizarte. Infravalorarte. Para que dudes hasta de tu propio nombre.

Comienzas a vivir en un estado de tensión permanente. Porque te quieren convencer de que no pasa nada, cuando tú sabes que está pasando todo.

Hasta que llega un momento en que sueltas. Desistes de comprender. De saber. De despertar. Y continúas adelante medio muerta.

Salir de ese lugar de letargo lleva tiempo. Volver a creer en una misma lleva tiempo. Comenzar a poner límites lleva tiempo. Irte de un vínculo de ese tipo lleva tiempo.

Pero cuando sucede, ya no vuelves a dormirte. Ya no dejas de creer en ti misma. Ya no olvidas poner los límites. Ya no vuelves a lugares sin claridad ni transparencia. A lugares de desamor y mentiras. Ya no.

Lleva el tiempo que tiene que llevar. Y ni un minuto menos. Es mejor hacer el movimiento cuando estamos seguras de que podemos a quedar en falso, entre gallos y medias noches.

Lleva el tiempo que tiene que llevar pero terminas dándote cuenta que no has vivido todo lo que has vivido para quedarte mirando como otro se nutre de tu energía y tu pierdes la cordura sin garantías.

Porque nunca estamos solas…despierta. Lo que ves es lo que es. Y si lo que es no te hace feliz… salte de ese lugar. Los hay mejores esperándote. Confía.

Simone Seija Paseyro
Lectora de Registros Akásicos

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