Blog - Nunca estamos solas

«Esta noche no, me duele la cabeza».

¿Cuántas veces nos reímos de esa excusa instalada entre las mujeres cuando no queremos tener relaciones sexuales con nuestra pareja?
Me pongo a pensar por qué habremos inventado esa excusa. A quien se le ocurrió utilizarla por primera vez. Qué espacio de tranquilidad ganó con esa mentira.
¿Y por qué fue necesario mentir, fingir sentirse mal en vez de decir «No quiero.»?
Tengo una amiga a quien llamo la militante del amor. Quiera o no quiera, espera a su pareja todas las noches (el llega cerca de la medianoche y ella madruga), vestida para encandilar a un miope. Porque tiene miedo que si no le da «buena cama» la engañe.
Y no puedo dejar de recordar las palabras de la mamá de otra amiga, que eran: «Si a un hombre lo complacés en la cama y en el estómago, lo tenés seguro.»
Guau. ¿Y cuáles serían las básicas para tener a una mujer segura?
Tremendo problema para quien tiene temas hasta para saber el punto exacto de cocimiento de un huevo duro.
Ni hablar de recordar el comentario acerca de la noche de bodas a una novia virgen que leí en no sé cuantos libros » Vos hacé lo que el te pida. Vas a ver que pasa rápido.» Hay ciertos trámites burocráticos que me suenan más excitantes que eso…
En tiempos donde hablamos de la libertad. De una sexualidad deseante. De los derechos a ser respetadas. De que no es no. Sé, positivamente, que muchas mujeres se acuestan con sus maridos «por deber» y no por deseo.
Porque dentro del contrato matrimonial, la consumación es un requisito antiquísimo de validez. E incluso se podía pedir la anulación del matrimonio ante la iglesia si se probaba que no se habían tenido relaciones. O sea…te podían repudiar si no habías cumplido.
Y sobre todo…si no tenés relaciones te puede engañar. Tranquilas. Engañan y engañamos igual. Porque acostarse sin ganas da el doble de ganas de tener un vínculo que nos haga sentir mariposas en la panza.
El padre de mi hija, cuando éramos novios, me largó un discurso que compré: «Si no te acostás conmigo, voy a tener que buscar en otro lado lo que no me das.»
Esa fue mi razón para perder mi virginidad e iniciar mi vida sexual, que por suerte, repuntó notoriamente cuando me vinculé a lo largo de mi vida con personas que se acercaron desde el amor y no desde la amenaza.
Pensándolo bien fue coherente desde el principio. Un violento desde el día uno.
No estamos obligadas a tener relaciones con quiénes no queremos. Y eso incluye a nuestros maridos, parejas.
No tenemos por qué justificar la desaparición de nuestro deseo. Ni inventarnos dolores físicos inexistentes.
Deberíamos amar lo suficiente al otro y tener la intimidad como para compartir cómo nos sentimos y por qué no queremos. Sea cual sea el motivo, tenemos derecho a no querer.
Si alguna vez te escuchas inventando una excusa para «no cumplir» pregúntate por qué terminó volviéndose un cumplimiento lo que surge del deseo y de las ganas.
Bendiciones infinitas! Nunca estamos solas!

«Que todas tus noches sean noches de luna
que todas tus lunas, sean lunas de miel.»

Simone Seija Paseyro
Lectora de Registros Akásicos

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