Blog - Nunca estamos solas

Cuando tenía seis años…

Cuando tenía seis años y me llevaban al Centro, era visita obligada parar en una tienda de novias que quedaba frente a la Intendencia. Y es que para mí era lo más parecido al tiempo de las princesas que veía en la vuelta.

Si por casualidad pasaba por una Iglesia y alguien se estaba casando, entraba a ver, fuera donde fuera… Hace unos años estando en Madrid vi gente vestida como para una boda en la puerta de los Jerónimos y allá me fui expedita.

Embarazada de Micaela viví un año frente al Museo Blanes y los sábados de noche me hacía acompañar por el padre para verlas llegar a hacerse las fotos…

Me ha tocado ir a casamientos donde aquello olía a término rápido desde lejos. E ir a otros donde lloré como loca porque el amor me emociona en cualquiera de sus versiones.

Siempre digo que soy fan de la institución matrimonial, pero no es así. Soy admiradora total del acto de fe que implica apostar a construir una vida con alguien. Luego cada quien sabrá el aderezo que le pone dentro.

Caminando por Viena, como no, desde la vereda de enfrente de la Avenida Ringstrassen la vi bajar como un sueño en blanco en Luz por la escalinata del Parlamento. Y después de sacarle la foto correspondiente, no sin pensar en cruzar y desistiendo porque me iban a terminar atropellando, seguí camino pensando en el Amor.

Mientras sigan existiendo actos de Amor hay esperanza para la humanidad toda. Con o sin vestido. Que puestos a hilar fino, el día que me tocó a mí no elegí ni el color blanco ni el modelo princesa. Pero sí apostar por el amor… siempre!

Bendiciones!
Viena 2017

Simone Seija Paseyro
Lectora de Registros Akásicos

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