Blog - Nunca estamos solas

¿Cómo decirte cuánto te quiero?…

¿Cómo decirte cuánto te quiero?
¿Cómo explicarte lo agradecida que estoy por que me hayas elegido?
¿Cómo manejar tanto amor con un sólo corazón, un par de manos y un solo cuerpo?
Mi maestra de vida nació un 25 de diciembre. Es hija del amor y del coraje que tuvimos sus padres de llevar hasta el fin algo ¿no planeado?
Mi amor, no fuiste planeada, pero sí tan deseada y esperada…
Llegaste a la tierra a poner patas arriba mi pequeño mundo. A hacerme olvidar que no hay lo que está bien y lo que está mal. Sino querer tanto a alguien como para jugarse por amor la vida entera. Y eso es lo que hicimos tu padre y yo cuando leímos en ese papel «Positivo.»
Ambos trascendimos nuestros miedos, lo que se esperaba de nosotros, lo que nos dijeron acerca de que nos íbamos a arrepentir de estropear nuestras vidas (Cómo si pudieras estropear algo). Ambos nos volvimos mejores y más fuertes, porque nos hiciste elegir a conciencia el camino a seguir. Y escuchamos nuestros corazones y eso sos tú…el resultado de que batieron al mismo ritmo y con la misma fuerza en cuanto te supimos.
Me enseñaste a no tener miedo de perder, porque cuando te perdí de vista y me morí, al pasar el tiempo aprendí que no hay nada que pueda separar a una madre de su cría. A un ser que ama de quien es amado,
Me enseñaste a no guardar rencor. A mirar hacia adelante. A celebrar. Porque siempre insistís con no dejar pasar ninguna fecha, ningún cumpleaños, ninguna oportunidad.
Mi maestra en desapego, tuve que aceptar que otros te abrigaran en invierno, que podías ir sola a la escuela porque no me dejaban llevarte, a soltar que solo conmigo podías estar bien. La vida es sabia, por mí te lavaría la cabeza hasta hoy, te peinaría tu pelo hermoso como cuando eras chiquita, te seguiría envolviendo como si fueras un cristal cuando sos roca. Roca fuerte que puede, que hace, que vive.
El 25 de diciembre nació mi maestra de vida, la que llevé 9 meses en la panza y convirtió esa fecha especial en la más especial de todos mis tiempos.
Gracias por enseñarme que nada es final, sino principio. Que siempre se está a tiempo de ser feliz. Y que vale la pena estar vivos, suceda lo que suceda.
Por eso te digo cuánto te amo y admiro. Porque cada día es buen día para decirlo, y toda la vida para repetirlo.
Y si me dijeran que parte de la historia cambiaría, diría…ninguna. Porque eso significaría que tú no serías tú. Serías hija de otros. La historia de parirte es nuestra historia. Y doy gracias gracias gracias por esa bendición Divina.
Bendiciones infinitas!

Simone Seija Paseyro
Lectora de Registros Akásicos

 

 

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