Blog - Nunca estamos solas

Abriendo puertas, cerrando heridas

Cuando ese vínculo no funcionó, quince días después que comenzó, debí retirarme con galanura.

Todas mis alarmas sonaban y decían “Vámonos de acá, no la vamos a pasar bien”.

Preferí escuchar a una amiga que me decía que yo no tenía paciencia, que cuando uno conoce a alguien tiene que adaptarse, darle tiempo. Silencié todas mis intuiciones y mis certezas y salí a pelear una batalla perdida de antemano: que funcionara una relación donde cada uno quería hacer lo que quería sin ceder un ápice ante el otro.

A veces me pregunto por qué elegimos no escucharnos. Por qué optamos por hacer propias recetas que no nos gusta consumir. Porque esta amiga estuvo años esperando que la persona que estaba con ella fuera algo más que una aventura de medianoche. Que se prestara a salir con ella en una foto. Que la pusiera en el lugar de una pareja.

Cada quien recorre el camino como mejor sabe. Pero nadie como una para saber cómo quiere recorrer su camino.

Quedarme costó casi cinco años de alimento espiritual y afectivo más que insalubre. Y la sensación errónea, creación de mi miedo a la soledad, de que no podía funcionar sin él al lado.

Mi cuerpo encontró una buena manera de colaborar… se enfermó. Largó su grito prolongado de aviso que aquello no daba para más. Entonces, apagué mi cabeza, me hice dueña de mis pensamientos, y me di cuenta que ellos nutrían a mis sentimientos.

Pensarlo y repensarlo me llevó a estar mucho más de lo pensado en un lugar adverso.

Hasta que miré a la realidad a los ojos, me confesé que no era feliz, lloré todo lo que había para llorar, junté los pedazos que habían ido quedando dispersos por ahí, volví a mi eje, me reencontré con la que nunca había sido, solté amarras y me animé a caminar sola. Tras casi veinticinco años de estar en pareja perpetuamente en todos los formatos.

Cuando tus alarmas suenan, escúchalas. Hay un tiempo Divino que se nos da para invertir en felicidad. Acompañadas o en solitario. Pero nunca por algo que sea inferior a sentirse “Muy bien”. Porque llegar a estar “Muy bien” con uno mismo lleva vida, y no se tira al viento sin ton ni son.

Bendiciones!!

Simone Seija Paseyro
Lectora de Registros Akásicos

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